Es muy común que los ciclistas que retoman la actividad en pretemporada se pregunten: «¿Por qué entreno y no pierdo peso?». Lo lógico sería pensar que, tras semanas de parón, volver a los entrenamientos se traduciría en una rápida bajada de peso, pero la realidad suele ser muy distinta.
El motivo de este estancamiento inicial se debe principalmente a dos razones que solemos pasar por alto:
Por un lado, el aumento del gasto calórico viene acompañado de un incremento proporcional del apetito. Sin darse cuenta, el ciclista tiende a comer más para compensar ese esfuerzo, igualando la balanza energética.
Por otro lado, la nueva carga de volumen e intensidad estimula las fibras musculares. Durante las primeras semanas, el músculo gana densidad, volumen y almacena más energía, un aumento de peso que camufla la pérdida de grasa en el peso total.

Si acabas de empezar a entrenar, te costará más
Evidentemente, los ciclistas que vengan de un peor nivel de forma y/o hayan pasado un largo periodo de inactividad, reaccionarán con un mayor aumento de masa muscular durante las primeras semanas de entrenamiento, pues su nivel de forma es inferior y por tanto mejorarán más rápidamente y de manera más notable.
Esta circunstancia puede dificultar todavía más la esperada pérdida de peso del deportista durante los primeros compases del plan de entrenamiento.

De todos modos, en estas situaciones debemos tener paciencia y asumir que ,al inicio de cualquier plan, si vemos que no baja el peso o incluso sube ligeramente, es porque estamos ganando algo de masa muscular.
Es decir, perdemos tejido graso, ganamos masa muscular y una cosa compensa a la otra en la báscula.
Hay que tener en cuenta además, que la densidad del músculo es mayor que la del tejido graso, así que es fácil que un poco de aumento de tejido muscular contrarreste e incluso supere la cantidad de peso perdida por la eliminación de tejido graso.
Tu composición corporal está cambiando
Este fenómeno, habitual en el inicio de un plan o periodo de entrenamiento, no debe preocupar a nadie. Quien quiera perder peso lo acabará perdiendo en cuanto la inicial ganancia de masa muscular se estabilice y en cambio, se siga eliminando tejido graso.
En este sentido, y para poder controlar mejor este proceso, lo ideal será llevar un control sobre la composición corporal.
Es decir, poder medir o estimar el porcentaje de tejido ósea (que es fijo) muscular y graso que compone nuestro cuerpo.

De esta manera podríamos cuantificar, efectivamente, la cantidad de grasa que estamos perdiendo con el entrenamiento y la cantidad de músculo que se gana y entender así mejor las consecuencias que ello tiene sobre nuestro peso corporal.
En definitiva, el peso acabará siendo una mera consecuencia de las variaciones de nuestra composición corporal.
Ahora que ya tienes la respuesta a la pregunta “Por qué entreno y no pierdo peso”, te invito a que leas esto:
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