portada portada

¿Y si utilizamos hojas secas para protegernos del frío?

Escrito por Kepa Lizarraga

La imaginación es una poderosa herramienta para la supervivencia.

Cuando sobreviene un accidente o una enfermedad aguda en montaña, la primera causa de fallecimiento suelen ser la propia enfermedad, como un infarto de miocardio, o el trauma recibido, que puede producir hemorragias o lesiones neurológicas severas.

Pero si el tiempo se prolonga, siempre debemos tener en cuenta que el frío agravará la situación, o acabará poniendo en compromiso la vida misma.

Por ello, ante una emergencia debemos siempre proteger la temperatura interna de la persona afectada, abrigándola para reducir el ritmo de pérdida de calor.

 

¿Recuerdas las mantas de salvamento?

En su momento, mostramos los resultados de utilizar las mantas aluminizadas de salvamento, que recomendamos incluir siempre en nuestro equipo de monte.

 

mantas termicas 1

 

¿Y si no tenemos los recursos necesarios?

Pero hay ocasiones en las que lo inesperado se hace presente y no contamos con los recursos necesarios.

Imaginemos un paseo invernal en las cercanías de nuestra casa o coche.

No llevamos nada “de monte” porque no se trata de una salida como tal, pero… a cierta distancia ocurre algo que nos impide volver a refugio seguro.

No hay cobertura y nadie oye nuestra demanda de ayuda.

El tiempo pasa, la noche se acerca y el frío comienza a invadir nuestra precaria vestimenta.

¿Qué podemos hacer? Es fundamental buscar un refugio en el que guarecernos.

Un lugar en el que el viento no nos golpee, acelerando el enfriamiento, o que nos resguarde de la lluvia.

 

Usar hojas secas para protegernos del frío

Una opción a la que podemos recurrir para mejorar el insuficiente vestuario es utilizar hojas secas o paja para aislarnos.

 

hojas secas para protegernos del frío

 

Podemos enterrarnos en alguno de los hoyos en los que el viento las deposita, o podemos rellenar con esos elementos naturales, secos, el espacio entre dos capas de nuestro vestuario.

El aire que esos materiales acumula entre sus elementos actúa de aislante.

 

¿Pero esto funciona? Te lo demostramos con un experimento

Como nos gusta probar aquellas cosas que nos cuentan, o son fruto de experiencias personales, este pasado otoño recogimos unas cuantas bolsas de hojas secas.

Sospechando que no todos los tipos de hoja aíslan igual, sino que su forma y tamaño influirán en la capacidad de aislamiento, escogimos una muestra en la que la inmensa mayoría eran de roble, con su clásica forma lobulada y un tamaño aproximado de entre 5 y 10 centímetros en su eje mayor.

Recurrimos de nuevo al maniquí que ya habíamos utilizado para testar las mantas de salvamento….

 

kl 00074 t

 

 y lo vestimos con una camiseta de “running” de la marca Nike, modelo Miler Top, con manga larga.

Fabricada en poliéster, con tecnología “dri-fit”, es una camiseta clásica de corte recto.

 

kl 00004 t

 

Al carecer de brazos el modelo, hicimos sendos nudos en las mangas, para evitar las fugas de aire, y cubrimos la zona del cuello con un buff, con el mismo fin.

Para simular el calor corporal, rellenamos con agua caliente el maniquí de torso e instalamos en su interior, a la altura de la apófisis xifoides (zona anterior, central e inferior a las costillas), una sonda térmica conectada a un termómetro digital con memoria.

 

hojas secas para protegernos del frío

 

Otra sonda idéntica quedó situada al aire, a similar altura que el torso y separada unos 40 cm del mismo, para medir la temperatura ambiente.

Programamos el termómetro para registrar de minuto en minuto las dos temperaturas, interna y externa, e introdujimos el conjunto en una cámara frigorífica ajustada para mantener su interior entre 1 ºC y 4 ºC.

En esas condiciones, mantuvimos la prueba durante dos horas.

 

kl 00016 t

 

A continuación, extraído el torso, lo vaciamos de agua e introdujimos entre él y la camiseta 800 gramos de hojas secas de roble, repartidas de forma homogénea por toda la superficie.

Procurando no mojar ni la prenda ni las hojas, volvimos a llenar el torso con agua caliente, situamos en idénticas posiciones las sondas térmicas y lo volvimos a introducir en la cámara, manteniendo el registro de temperaturas cada minuto.

 

kl 00045 t

 

Los resultados: usar hojas secas para protegernos del frío FUNCIONA

Tras extraer los datos de la memoria, pudimos comprobar que, con la camiseta, el agua interior del torso perdía 4 ºC en una hora y 7,6 en dos horas.

En cambio, en el segundo ensayo, en que al aislamiento se añadía el relleno de hojas secas, la pérdida térmica fue de 2,3 ºC durante la primera hora del ensayo y de 4,2 ºC al final de la segunda hora.

A la vista de estos resultados, está claro que introducir esos 800 gramos de hojas de roble secas entre la camiseta y el torso mejoraba en un 45% el aislamiento.

Las pérdidas de temperatura tras una y dos horas de exposición al frío se reducían casi a la mitad gracias a esa idea de aprovechar un recurso natural para sobrevivir en situaciones extremas.

 

gráfica pérdida temperatura con y sin hojas

 

¡Pero ojo! Tampoco podemos olvidar algunos inconvenientes de esta idea.

Uno es que, al formar esa capa de aislamiento, junto con las hojas, podemos introducir algunos insectos, más o menos molestos o peligrosos.

Otro que hemos comprobado es que la suciedad que inevitablemente acompañará a las hojas ensuciará las prendas entre las que las ubiquemos.

Como siempre, será preciso considerar los pros y los contras, y adoptar la mejor decisión.

¡Improvisación al poder!

Por Kepa Lizarraga, Rufino Zarrabeitia y Mikel Lizarraga.

 

Sigue aprendiendo con estos contenidos:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *